Cuando nos informan que nos tienen en capilla para la aplicación de un medicamento, a nivel intravenoso o intra ¨colérico muscular¨ …. Tomamos como natural, que se usaran jeringas, sobre todo en este quiebre histórico con la aplicación de las dosis de las vacunas anti-COVID 19.
Y aunque las agujas inspiran temor en algunas personas, lo cual tiene el sofisticado nombre de TRIPANOFOBIA, del griego TRYPANON, que literalmente significa taladrar y FOBIA, también griego que significa miedo, las mismas son altamente estilizadas y seguras a todo nivel, dada la larga evolución tecnológica desde el siglo XVII, con el ingenio y colaboración de personajes como Pascal quien aplico su famosa ley, sobre la presión hidráulica. Si, aunque no lo creas, la jeringa usa el mismo mecanismo del gato hidráulico.

Así mismo, en 1656, un arquitecto inglés, llamado Cristopher Wren, aunque fue un prestigioso restaurador de catedrales, al estar ¨hospitalizado¨ , debió recibir alimento por vía venosa, lo cual no debió ser muy divertido, por lo que se le ocurrió usar una pluma de ave, aprovechando el hecho de ser hueca y cortar el extremo en forma oblicua, para poderla introducir en la vena de un perro, usando la vejiga de un pequeño mamífero, dando nacimiento a la primera jeringa rudimentaria, con la que el canino en cuestión, se metió, su primera dosis de goma de opio diluida.

Por lo tanto, pensemos en el valor y la historia de lo que parece cotidiano y que detrás de cada cosa que usamos a diario hay un tesoro de esfuerzo e ingenio humano.
A propósito, no falta el que afirma que fue el primero…

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